Lucy Arciniega

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Soy Lucy Arciniega

   Nací una tarde el 23 de agosto del 69. La primogénita de Esperanza López, con ella inició mi mundo, me mostró el mundo a través de sus hermosos ojazos pardos. La melancolía en los ojos de mi madre quedó marcada en mi alma por siempre. Alfredo Arciniega fue un nombre sin rostro conocido, soy la quinta hija de él, su existencia me dejó dos Alfredos relevantes en mi vida, dos medios hermanos, uno está de joda en el cielo con el viejo mientras que el otro y yo seguimos este camino lo más cercano que nuestros tiempos nos lo permiten.

  Crecí en un matriarcado, entendiendo desde mis pocos años la fuerza de las decisiones tomadas en la cocina. Observar se convirtió mi hábito favorito, comparaba palabras con acciones, muchas veces estas no concordaban. Mi abuelo materno me abrió el mundo de las letras con sus analogías de vida y campo, mi madre me introdujo a la poesía con sus hermosos poemas nunca expuestos al mundo. A principios de los 80 dejé mi país, lloré y zapateé todo el camino al aeropuerto, no quería dejar lo único que conocía por hogar, un vuelo de Viasa me puso en rumbo de mi nuevo camino, Caracas me abrió sus puertas en plenos carnavales. El choque cultural para la preadolescente que fui fue muy grande, lo que conocía por normal se había evaporado con los kilómetros volados. Una tarde del 86, cinco días después de mi cumpleaños 17 la vida posó en mi pecho el amor y la fuerza que no conocía hasta ese día, nació Natthaly, mi beba hermosa.

Tres años después a pesar de muchos obstáculos nació mi segundo hijo, el hombre más importante de mi vida, Cesar llegó a mis brazos. Una noche de fiesta en el 91 aposté mi vida en un beso, conocí al que sería mi esposo. Éramos dos chiquillos con muchas marcas, él tenía 23 y yo 22 recién cumplidos. Una noche de diciembre estando magistralmente solos le dimos la bienvenida a nuestra hija, Keyla. A principios de los 90 llegamos a Estados Unidos, hicimos de este país nuestro hogar. Los retos no fueron escasos, el apostar al mañana siempre fue la mejor manera de combatir el complicado hoy. Desde que salí esa mañana de Lima me llevé en mi equipaje de alma las simples y gigantescas lecciones que me fueron dadas desde mi niñez. Soy una india con sangre negra, de huayno y toromata con un incidental apellido español. Escribo lo que llevo en el alma, apuesto a pesar de todo a un mejor mañana con sonrisas, creo fehacientemente que todo lo que sucede en la vida tiene una buena lección, las lágrimas no son derrotas ni las derrotas son pérdidas.