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  • Lucy Arciniega

Asesino Silente.


28 de agosto, después de tener un excelente desayuno con amigos donde celebramos los 33 años de mi hija mayor y el final oficial de mis fiestas patronales. Nuestros amigos partían ésa tarde a Mexico, la charla estuvo plena de risas, nos recordamos mutuamente las hermosas postales que nos colgamos en el alma, vida, esperanza, fé.

Mi beba regresó a la oficina después del desayuno, Brizeida y Alejandro conquistaron el cariño de Naty. Yo me ofrecí a guiar a mis amigos al aeropuerto y a devolver el auto de renta, las autopistas pueden llegar a ser complicadas aquí.

I 75 sur, tenía el alma ligera, Willie Chirinos y Lenier reventaban los parlantes de mi auto, bailaba y cantaba mientras conducía. Chequeaba constantemente a que ellos estuviesen detrás mío todo el tiempo. Entrando a la 836 empiezo a sentir un hormigueo en los brazos, sentía la nariz dormida, en pocos minutos mis brazos se sentían muy pesados, estaba desorientada, algo estaba terriblemente mal. La sensación incrementó, me supe en problemas. Perdí la salida, pongo el señalador para que me sigan , en medio de la salida empiezo a sentir agua helada recorriéndome el cráneo, no sentía la cara, vi luces naranjas y luego nada. Me estacioné a ciegas en el hombrillo, le rogué a todos los santos que me permitieran frenar antes del lago.

Con la cabeza hacia abajo veía sombras entre amarillas y marrones, cuando la levantaba no veía nada.

Me las agencié para llamar al número de emergencias.

-Cúal es su emergencia?

-Mi nombre es Lucy, creo que estoy teniendo un ataque cardiaco y no puedo ver.

-Cálmese y deme su locación exacta.

-Estoy en la salida de la 836 y la 27 estacionada en el hombrillo.

-27 y qué?

-No puedo ver! Me puedes ubicar por mi teléfono por favor?

-Señora esto no es una película! Necesito su locación exacta para mandar una ambulancia.

Really? Sinceramente, really? Mi malestar y su petición de exactitud sin tecnología no iban a funcionar.

-Cuando recobre la vista te vuelvo a llamar.

Mantuve la cabeza sobre el volante, constantemente me repetía el mantra de no perder la conciencia, tenía pánico de perder el sentido, tomé sorbos de agua, la visión de a pocos volvía, me sentía en cámara lenta y parcialmente adormecida.

Mi celular suena, era Brizeida.

-Lucy qué pasó? Pusiste el señalador para la izquierda y te estacionaste a la derecha? Estás bien?

-Nope! Pero no es nada serio, dale síganme.

Camino a entregar el auto me metí cuatro chicles buscando sentir la menta, me alarmé cuando me di cuenta que me estaba mordiendo las mejillas. Tiro los chicles y muerdo un caramelo de menta, no lo sentía. Al llegar a devolver el auto salgo con un cigarro y el encendedor, al inhalar sentí .

Brizeida me intentó dar consejo, yo le di caras y dura respuesta, si le decía a mi amiga justo antes del vuelo que literalmente no me sentía la mitad del cuerpo íbamos a ser dos las infartadas.

Los dejé en el terminal , Brizeida sabía que estaba en problemas.

-Lucy Arciniega, te prohíbo que te mueras cabrona!

-Copiado!

Nos abrazamos y con besos me despedí de mis amigos.

Es un recuerdo nublado de cómo llegué al hospital. En menos de cinco minutos estaba siendo atendida, tenía la presión 247/168 dispararon la alerta de hemorragia cerebral .

Después de los exámenes descartaron neurisma o coagulos, a pesar de los resultados la presión seguía por arriba de 200.

-Físicamente los resultados están perfectos- La enfermera de piso comentaba mientras leía mis exámenes.

-No es físico y a la vez lo es!

La voz vino de un anciano médico con una maletita como la del Dr Chapatin. El hombre se aburrió (literalmente) de escuchar cuanto me gustaba su maletín.

-Desde hace cuanto tiempo estás en stress?

No había un ápice de pregunta, él sabía algo que yo no.

-Tus niveles de cortisona están tremendamente alto, por eso médicamente se le conoce como el asesino silente.

Estoy bajo medicación para la presión, escuché los consejos del neurólogo.

Pedirle a la vida lo que quiero es esperanza juvenil, aprendí a pedirle lo que necesito.

Solté anclas, no más revivir, es hora de vivir.

Le debo a mi hija una torta de cumpleaños, a Brizeida y Alejandro un beshote por el sustaso.







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