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  • Lucy Arciniega

Dos mares, un mismo bronceado

El portón de mi casa es mi sitio de ubicación, sereno cae el sol. Èl está sentado en su alto balcón mostrándome el arte que decoran sus paredes. Me pide que deje caer mi melena, orgulloso me mira “no eres fea cara de huaco “ la carcajada achina mis ojos, ubicamos al vuelo todos los achinados en la familia. Canciones, refranes, playas, hijos, gustos, historias propias y recopiladas, confesiones desde lugares muy íntimos, esas mismas que no soltamos con muchos. Bodas por atender, divorcios por concretar, un sentido del humor tan torcido que por lo mismo lo sabemos nuestro. El negro se cuela en la charla, enunció olores a chirimoyas, abrazos que arden por nunca haber sido entregados, un traje azul de despedida. Con bondad me cuenta el cariño con el que hablaba de su hermanita extremadamente Arciniega ( máximo nivel de locura social dentro del círculo) nuestras charlas lisurientas cruzaron líneas. Tengo dos Alfredos muy cerca del corazón, uno me ilumina la cara con su recuerdo y el segundo con su “ hola cara de huaco”. Medios hermanos, totalmente delirantes al unísono. El vino misteriosamente abandona el cristal de mi botella, el vino en su copa hace lo mismo, nos reímos de la vida que muchas veces pensó que la ola era tan alta como para no saltarla, sabemos surfear, siempre hay dorados colores al final del túnel, hay que aguantar la presión y el ruido para saber salir del túnel con elegancia. Te quiero cara con tuco.


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